Había una vez un chico que quería volar

Publicado por CESDA el 20/04/2018 Publicado en piloto comercial, piloto, pasión, volar

Para celebrar Sant Jordi os presentamos "Giovanni", el relato ganador del concurso en el día CESDA, escrito por Marco Stranieri, alumno de 3er curso del Grado en Piloto de Aviación Comercial y Operaciones Aéreas.

CESDA, escuela de pilotos (Reus). Costa brava. Mar. Aviación

 

"Giovanni"

Él iba corriendo escaleras arriba apresurado en seguir a su maestro hacia la atalaya en una de las torres más altas de la ciudad. Giovanni, que apenas tenía 14 años, hacía sólo un par de meses que acompañaba al Gran Maestro de aquella ciudad. Lo había conocido un ventoso otoño del 1506, frente a la catedral de Milán. El Gran Maestro siempre había sido bueno y amable con él y siempre le enseñaba sus nuevos inventos y sus conocimientos. Por su parte, Giovanni le ayudaba en muchas tareas de taller.

Pero ese día de verano el Maestro se había cansado de diseñar y quería probar uno de sus inventos. “Corre, sube joven Melzi”, le decía el Maestro, “vamos a instalar este artefacto”. Al llegar al tejado de la torre, Giovanni se maravilló ante las vistas de la ciudad, pero no había tiempo para admirar toda esa urbe. El Maestro ya estaba acabando de instalar su invento; “Mira, pon un pie aquí, y pasa la pierna por ahí, ata bien las piernas y el torso”. El Maestro le iba dando indicaciones a su alumno y al cabo de unos minutos estaban listos. “Maestro, ¿cree que volará?” “Eso espero” le respondió el Maestro. Eso no tranquilizó mucho a Giovanni, pero el Maestro ya había desplegado las alas de tela instaladas en esa plancha de bambú y empezó a empujarla. El “ala” se deslizó y empezó a caer. Durante unos segundos se sostuvo en el aire lo que alegró mucho a los dos inventores, pero rápidamente el ala entró en un espiral y cayó como una piedra en el suelo. “Al menos esta vez el muñeco no ha salido volando, maestro”.

“No, pero tampoco la tabla ha volado joven Melzi. Vamos a recogerla y a ver qué ha fallado, ya van cuatro tablas”.

Giovanno siempre se acordaba de este relato que sus padres le leían. Un relato que se ubicaba en el siglo XVI y en el que el personaje principal casi tenía su mismo nombre. Giovanno a menudo se identificaba con ese joven Giovanni del siglo XVI: un joven que admiraba a su maestro y que no dejaba de trabajar para mejorar sus inventos y diseños muy avanzados en aquella época, y ¿por qué no? Muy audaces.

Giovanno no iba a inventar nada, pero conseguiría algo que esos dos hombres del siglo XVI no pudieron hacer: volar. Volar era lo que estaba a punto de hacer esa mañana junto a su instructor de vuelo Leo. Estaba a punto de iniciar el primer vuelo de su vida.

 

Vuelo. CESDA, escuela de pilotos (Reus)

 

La historia de Giovanni y de su maestro, de Giovanno y de su instructor Leo es un claro ejemplo de superación; de superación a lo largo del tiempo y de la historia. Pero no de la “historia”, sino de nuestra historia, de la vida y el esfuerzo de cada uno de nosotros que volamos hoy en día, de cada alumno, instructor y profesor de CESDA, de cada piloto (ya sea de aviones, helicópteros, planeadores, paracaídas...). Somos la continuidad y la superación constante a una historia que se empezó a escribir hace más de quinientos años, cuando unos pensadores del siglo XV y XVI quisieron volar pero no lo consiguieron. Algunos fracasaron, o mejor dicho, descubrieron formas de cómo “no volar”, permitiendo que otros sí lo lograran. Hoy en día somos miles de personas que nos superamos día a día para seguir volando y para seguir cumpliendo el sueño de aquellos primeros inventores. Pero además, seguimos superándonos día a día para innovar y mejorar aquél invento primitivo parecido a un ala delta que hoy en día se ha transformado en multitud de aeronaves y aviones. Por lo tanto, somos algo mucho mejor que simples pilotos, instructores, ingenieros o mecánicos, somos la superación en persona, somos una superación viva.

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