Tener pájaros en la cabeza

MIQUEL MORELL / Instructor de vuelo

No me refiero a la típica frase que nos decían a aquellos que nos picó el bicho de la aviación cuando éramos niños. Quiero comentar algo que hace tiempo que me sucede. Es una especie de obsesión. Algunos dicen que son manías mías, otros que son tonterías; yo le llamo experiencia.

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Perdón por la falta de modestia... pero es que son ya muchos años en esto de la instrucción de vuelo, y uno ya ha vivido y escuchado muchas historias. Algunas son simplemente eso: historias que cada uno explica con más o menos exageración, lo que algunos llamamos “batallitas”. Pero la gran mayoría de estas anécdotas, cuando uno las toma de manera creativa, son en realidad lecciones que pueden ayudar a prevenir accidentes cuando se difunden o practican. Voy a poner algunos ejemplos que me vienen ahora mismo a la memoria.

La plataforma, bien limpia

Si veo una piedra de considerable tamaño en la plataforma, le doy una patada y la envío a la hierba. Muchos pensarán “¿Qué hace ése dando patadas por la plataforma?”, pero hay un motivo. Un amigo mío vio una vez cómo su hélice se desintegraba en vuelo, llevándose consigo uno de los émbolos del motor. Pudo aterrizar sin problemas, pero hubo que cambiar el motor y la hélice y estuvo mucho tiempo sin volar. La causa fue una piedra que, al rodar, creó una dentellada que escondía una grieta que la hélice no pudo soportar a 2.500 rpm.

La maleta de vuelo, a mano

Cuando entro en un avión lo primero que hago es poner mi maleta de vuelo tras el asiento del otro piloto. En un vuelo solo cuando era alumno, me puse algo nervioso al ver que la temperatura del aceite del motor se disparaba, por lo que, por precaución, me dispuse a coger el manual del avión para prevenir una posible parada de motor y di la vuelta para volver a la base. Conseguir agarrar el manual de vuelo me costó muchos esfuerzos y alguna dolorosa rampa. Finalmente, al volver la vista hacia adelante vi sólo tierra tras el cristal, señal inequívoca de peligro. El altímetro caía rápidamente, y mi cuerpo no me dio indicios de nada de todo eso hasta que fue la vista la que me proporcionó la información definitiva: estaba cayendo en picado. Recuperé la línea de vuelo, pero el susto fue enorme. Desde entonces, dejo la maleta tras el asiento de al lado, de acceso mucho más cómodo.

Los compensadores, en posición de despegue

Siempre que abandono un avión, me preocupo de poner los compensadores en la posición de despegue. Es un asunto que normalmente no sale en las listas de comprobación de después del aterrizaje, pero que aunque seguro que sale en la de comprobación de cabina, no cuesta nada prevenir que el próximo piloto pueda olvidarse. Un conocido me comentó que casi se mata justo tras el despegue con un avión de patín de cola, porque el compensador estaba totalmente hacia atrás.

La inspección pre-vuelo, a fondo en aviones que lleven tiempo parados

Y la más reciente. En este caso, si hace falta, le dejo una nota en la ventana o similar al próximo piloto de un avión en el que observe que hay pájaros posados cerca. Un ex-alumno fue a recoger un avión que su jefe acababa de adquirir y que llevaba mucho tiempo parado, y se le paró el motor poco después del despegue. Tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia, afortunadamente sin daños personales. El motivo: había un nido de pájaros en el conducto de admisión del motor. Desde ahora, estaré siempre atento en las revisiones pre-vuelo de aviones que hace mucho que no vuelan y tendré los pájaros en mi cabeza.

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