Blog de CESDA

Redefinición del piloto inteligente

Escrito por CESDA | 21-mar-2013 12:21:47

ORIOL SANMIGUEL / Artículo publicado en la revista Flight Plan 2 (CESDA)

En  un  mundo  globalizado  y competitivo  en  el  que  la  lucha por conquistar al cliente se  convierte  en  un  objetivo prioritario,   es   posible   que las   tripulaciones   aeronáuticas   tengan   que   incorporar otras    habilidades    además de   sus   conocimientos   técnicos. Aquí me refiero a las competencias emocionales, hasta ahora las grandes olvidadas  en  nuestra  profesión.

Las normas que rigen el funcionamiento  del  mercado  laboral han  cambiado  y  son  muchos  los campos, hoy en día, en que los profesionales  no  son  sólo  valorados/ evaluados por sus conocimientos o experiencia, sino que se busca algo más en su desempeño laboral . Sin lugar a dudas, la experiencia es importante, véase el campo aeronáutico sin ir más lejos, pero la teoría clásica en que se defiende que sólo los  que  tengan  mejor  expediente académico  serán  los  mejores,  ya no es válida a día de hoy.

Ese algo más que buscan las empresas hoy en día, es lo que conocemos  como  inteligencia  emocional (I.E., de aquí en adelante). La IE viene definida como la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos,  los  sentimientos  de los  demás,  motivarnos  y  manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros  mismos.  Es  el  resultado de la suma de distintas habilidades interpersonales e intrapersonales, conocidas  como  competencias1.

Éstas  son  aquellas  características que a través de conductas observables distinguen a los empleados con   un   desempeño  excelente. ¿Cómo clasificarlas? Veámoslo en el cuadro 1:

Si  intentamos explicar el cuadro arriba expuesto, diremos que  las competencias emocionales    se clasifican en competencias personales (aquellas que determinan el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos), que incluyen la conciencia de uno mismo, la autorregulación y la motivación (el gran motor); y en competencias sociales (aquellas que determinan el modo en que nos relacionamos con los demás), que incluyen la empatía y las habilidades sociales.

Y es que las habilidades personales y emocionales son el motor que está dinamizando el desempeño laboral del ser humano en este nuevo siglo, y el sector aeronáutico no puede quedarse al margen de esta corriente.

Quiero  lanzar,  pues,  un  llamamiento a las compañías aéreas. Los  pilotos  reciben  una  buena formación técnica y eso es excelente, pero ¿no se están olvidando e algo quizás más importante? El desarrollo personal con nuevas asignaturas  en  la  carrera,  cursos especiales, conferencias sobre auto-conocimiento, liderazgo, trabajo  en  equipo,  dirección  de  personas, inteligencia emocional, etc., creo que ha quedado demostrado que es de suma importancia en el mundo laboral actual, y más, en un sector tan competitivo como el aeronáutico.

¿Alguien  se  ha  planteado  cómo será el gran paso “de la escuela a la empresa” de cada uno de nosotros? ¿Cómo aterrizaremos en el mundo laboral? ¿Cómo venderemos nuestro proyecto  personal  a las compañías?

En la búsqueda de soluciones hay todo un arsenal de herramientas que deberían ser integradas en los ciclos formativos y en el desarrollo de los profesionales en activo. Evaluación del desempeño, Coaching, Planes de carrera, etc., son algunos que se me ocurren ahora.

Afinemos nuestro GPS personal y profesional para coger la dirección de la excelencia. Ya no nos sirven los  GPS  con  software  y  sistemas antiguos. El futuro se presenta apasionante y muy exigente.

Con  lo  expuesto  aquí  arriba  me planteo  una  inquietud:  ¿Por  qué no  potenciar  la  I.E. en  el  modelo educativo de CESDA? Pensemos que el centro ya ha hecho su apuesta por esta nueva disciplina, incorporando  nuevas  asignaturas y materias que pretenden explorar las competencias y habilidades interpersonales (las famosas Notechs). Es un centro pionero dentro del marco nacional, y no solo a nivel  de escuelas, si no a un nivel más extenso. Cursos de CRM, muchas más  horas  en  asignaturas  de  humanidades con profesores y conferenciantes que saben de la materia, un curso MCC mucho más amplio que en cualquier otra FTO, etc., son unos cuantos ejemplos.

Deseo y espero que aunque esto sea un breve ensayo acerca de lo que se está cociendo ahí fuera, merezca un momento de reflexión por parte  de  todos  los  que  formamos parte del sector. Una reflexión que quiero acompañar con una frase  que a mí me ha marcado:

“Nueva etapa: de la universidad a la empresa. Es curioso observar, con el paso de los años, los derroteros que cada uno ha tomado. Alumnos de matrícula que pensaban que se iban a comer el mundo les a costado encontrar su  lugar    bajo  el  sol,  y  compañeros de clase que las pasaban canutas  para  aprobar,  hoy  les va de cine. No siempre coincide la evaluación académica con la evaluación  real  del  mercado,  la de la calle, la de la vida, esta es la última instancia a la que rendir cuentas”.