Dédalo, el padre de un mito muy vigente que inspiró a los padres de la aviación

Publicado por CESDA el 18/03/2016 Publicado en ACTUALIDAD

Desde los inicios de la filosofía, la mitología griega siempre ha sido el espejo en el que la humanidad se ha mirado, y en que ha proyectado sus deseos. Porque por eso creaban mitos los sabios de la Antigua Grecia: Para aleccionar e inspirar. Dédalo e Ícaro son dos figuras con reflexiones muy vigentes sobre la paternidad, el ansia de conocimiento y la aspiración ancestral del ser humano por volar.

Los logros que se cuentan de Dédalo, el arquitecto e inventor más hábil de Atenas, son casi providenciales. Según el mito era famoso por inventar naves que navegaban bajo el mar, y llegó a competir con su discípulo Talos, que acabó convirtiéndose en mejor inventor que él mismo. Este hecho despertó la envidia y desazón de Ícaro, lo que llevó a Dédalo a empujar a Talos desde el tejado de la Acrópolis, por amor a su hijo.

Como en todos los mitos, las pasiones humanas causan reacciones dramáticas en los personajes, para enfatizar el mensaje. La búsqueda del conocimiento y la invención es una carrera en la que, o se es el primero, o se pierde. Siglos después, esta misma filosofía siguieron unos hermanos cuyo empeño por volar les llevaría a ser los primeros.

En palabras de Wilbur Wright:

“Los hombres llegan a ser sabios, así como ricos, más por lo que guardan que por lo que reciben.”

Dédalo y su hijo Ícaro se vieron obligados a exiliarse en Creta para evitar ser castigados por la muerte de Talos. Allí, Bajo el encargo del Rey Minos, Dédalo construyó un laberinto para encerrar al Minotauro, un monstruo mitad hombre y mitad toro. Pero Minos, para que nadie supiera como salir de él, encerró también a Dédalo e Ícaro.

Estuvieron allí encerrados durante mucho tiempo. Desesperados por salir, se le ocurrió a Dédalo la idea de fabricar unas alas, con plumas de pájaros y cera de abejas, con las que podrían escapar volando del laberinto de Creta.

 

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En 1903, los pioneros Olbir y Wilbur Wright  pretendían imitar a los pájaros:

Es posible volar sin motores, pero no sin conocimiento y habilidad. Considero que es esto algo afortunado, para el hombre, por causa de su mayor intelecto, ya que es más razonable la esperanza de igualar a los pájaros en conocimiento, que igualar a la naturaleza en la perfección de su maquinaria."

Antes de salir, Dédalo  advirtió a su hijo Ícaro de que no volara demasiado alto, porque si se acercaba al Sol, la cera de sus alas se derretiría y tampoco demasiado bajo porque las alas se les mojarían, y se harían demasiado pesadas para poder volar.

Empezaron el viaje y al principio Ícaro obedeció sus consejos, volaba al lado suyo, pero después empezó a volar cada vez más alto y olvidándose de los consejos de su padre, se acercó tanto al Sol que se derritió la cera que sujetaba  las plumas de sus alas, cayó al mar y se ahogó. Dédalo recogió a su hijo y lo enterró en una pequeña isla que más tarde recibió el nombre de Icaria.

"La persona que simplemente observa el vuelo de un pájaro se queda con la impresión de que el pájaro no piensa nada para hacerlo. En realidad esa es una parte muy pequeña de su trabajo mental. El pájaro ha aprendido el arte del equilibrio; esta habilidad no es evidente a nuestros ojos. Sólo aprendemos a apreciarla cuando tratamos de imitarla."

W.Wright

 

"CESDA, Piloto aviación comercial, Escuela de pilotos, Hermanos Wright" Hermanos Wright

El mito de Dédalo e Ícaro ha sido y es sin duda el reflejo de una humanidad ávida y ambiciosa por el conocimiento, por llegar donde nadie ha llegado antes; y siempre pecando de ambición en el intento. Muchos Ícaros sucedieron a los primeros vuelos de los padres de la aviación. Tantos de ellos llegaron a volar más alto que nadie, pero, como bien sabía Wilbur Wright, sin la habilidad necesaria, les esperaba el mismo fin que al hijo de Dédalo. Si bien también es cierto que sin todos aquellos Ícaros, la aviación, ese arte joven y vulnerable que todavía está aprendiendo a ser infalible, no habría nacido.

Hoy es un día para decir gracias a Dédalo, gracias a Wilbur, gracias a los padres de la aviación, y cómo no, gracias a los padres de los pilotos, por hacer este sueño posible.

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